Los antiguos chinos consideraban la soja un alimento sagrado y atribuían su descubrimiento al emperador Sheng-Nung, el inventor de la agricultura y la medicina.
Muchos años después la biología a dado la razón a la sabiduría china y ha demostrado que esta planta, del mismo grupo que la judía o el guisante, es una "bomba" de proteína vegetal (un 36%) y que contiene grasas de tipo insaturado (cardiosaludables), además de vitaminas del grupo B y minerales. "Las fuentes de grasa de la soja son de origen vegetal, no animal, por lo que resulta muy útil para diversas afecciones, como por ejemplo el tratamiento del colesterol", explica la doctora Carmen Gómez, responsable del área de Nutrición del Hospital de la Paz de Madrid.
Pero es la presencia de fitoestrogenos, con una acción similar a la de los estrogenos (las hormonas femeninas que dejan de segregarse tras la menopausia) lo que convierte a la soja en un "regalo de los dioses" para las mujeres. Los fitoestrogenos "se acoplan a nuestros receptores hormonales y son muy beneficiosos para aplacar algunos síntomas de la menopausia, como los sofocos o el acaloramiento súbito", subraya Carmen. "Sin embargo -advierte-, como en todos los alimentos, su ingesta excesiva puede causar problemas, por lo que hay que consumirlos con moderación".

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