Practicar meditación aumenta la actividad de los genes implicados en diversos procesos que promueven la buena salud.
Las personas que acostumbran a meditar al menos durante 10 o 20 minutos al día experimentan cambios en su cerebro y en los genes que facilitan la respiración celular, estimulan la producción de insulina -lo que mejora el control de azúcar en la sangre- y evitan el acortamiento de los telomeros, los extremos de los cromosomas, que ayudan a mantener estable el ADN y así prevenir células de desgaste y envejecimiento.
Las personas que acostumbran a meditar al menos durante 10 o 20 minutos al día experimentan cambios en su cerebro y en los genes que facilitan la respiración celular, estimulan la producción de insulina -lo que mejora el control de azúcar en la sangre- y evitan el acortamiento de los telomeros, los extremos de los cromosomas, que ayudan a mantener estable el ADN y así prevenir células de desgaste y envejecimiento.

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