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miércoles, 9 de octubre de 2013

El Cuerpo Humano emite Luz

El cuerpo humano emite luz. Luz invisible pero real. El doctor Gerard Hyland, de la Universidad de Warwick (Reino Unido), es un inminente investigador al que le gusta adentrarse por terrenos poco explorados. Uno de ellos le llevo a descubrir que el cuerpo humano emite luz. No se trata de una simple curiosidad, ni por supuesto de una radiación luminosa apreciable a simple vista. Hyland demostró su existencia, pero quiere ir mas lejos.

Su presencia, en un tiempo como este, con tal proliferacion de aparatos que generan microondas -con las que esa "radiación" humana puede interaccionarse negativamente- se ha convertido en un fenómeno que debe ser estudiado cuanto antes.

No estamos ante una situación exclusiva del ser humano. Según Hyland , nos enfrentamos a una característica común a todos los sistemas biologicos, los cuales emitirían una radiación de intensidad extremadamente baja pero medible en forma de fotones (un fotón es un paquete microscopico de energía lumínica). Lo fundamental, sin embargo, es que estas emisiones fotonicas no son aleatorias, sino que presentan cierta coherencia, tal y como ocurre con el láser, aunque con un nivel de intensidad mucho menor.

Su origen esta en el propio metabolismo corporal, que genera un campo electromagnético coherente capaz de otorgar esa propiedad a los fotones emitidos. La citada coherencia,por otro lado, ha resultado ser un buen indicador de la salud del citado metabolismo, de manera que su estudio presenta aplicaciones útiles para el diagnostico del medico.

Pero paralelamente surge un problema: si el cuerpo humano emite este tipo de radiación, cabe la posibilidad de que esta interaccione con otras existentes fuera de el, con las consiguientes consecuencias derivadas de ello. De entre todas, las que mas preocupación nos despierta es la gama de las microondas, generadas, por ejemplo, en hornos, teléfonos moviles o sistemas de radar. Pues bien, estas ondas podrían afectar a tejidos vivos y sus patrones electromagnéticos de un modo aun desconocido.

En un horno, las microondas actúan sobre las moléculas de agua de los alimentos, las cuales absorben su energía y la transforman en calor por fricción. Todo ello deriva en el calentamiento de los alimentos mucho mas veloz. No obstante, cualquier elemento que contenga agua y que quede expuesto a las microondas corre peligro de ser -literalmente- cocido. Tanto es así que todos los sistemas que producen este tipo de radiación deben ser diseñados de la forma mas segura para evitar que ocasionen efectos térmicos perniciosos y no deseados en seres vivos.

Hyland, sin embargo, lanza una advertencia:estas medidas de precaución no son suficientes, ya que las autoridades no han tenido en cuenta que las microondas también pueden causar una influencia, mas allá de las propiamente tecnicas, sobre nuestros mencionados patrones de emisión electromagnética.

En resumidas cuentas,nuestras células no son solo sensibles a la intensidad (brillo) de la radiación -único aspecto ante el cual tomamos medidas en estos momentos- sino también a su frecuencia (color). Así pues, si por una desgraciada casualidad, una emisión de microondas que podríamos considerar simplemente contaminante pero no perniciosa, como por ejemplo es la de los teléfonos moviles, coincidiese con uno de los principales patrones de microondas del cuerpo humano, el consecuente efecto resonante podría ser extramadamente peligroso.

Los actuales reglamentos que limitan la radiación de microondas de los teléfonos moviles solo contemplan evitar que puedan calentar los tejidos, pero se olvidan de algo fundamental: los tejidos a proteger están vivos. Y por lo tanto, poseen su propio campo electromagnético, el cual también puede resultar afectado. Hyland ha explorado esta cuestión y opina que la radiación de baja frecuencia de los teléfonos moviles, pulsando con una frecuencia de 10 veces por segundo, podría "resonar" o entrar en resonancia con las ondas cerebrales alfa, implicándolas hasta niveles peligrosos, de la misma manera que la voz de una cantante de opera llevada al extremo puede llegar a romper una copa de cristal. Este y otros efectos podrían suponer perdida de memoria y afecciones, tanto psicológicas (ansiedad, falta de concentración,etc.) como físicas (presión sanguínea, sistema inmunologico, etc.), algunas de los cuales ya se han apreciado en los usuarios de telefonía móvil.

Determinados experimentos han servido para desmentir que el uso de estos teléfonos provoque tumores, pero la transparencia al respecto no es total. Para estar mas seguros investigadores de la Universidad de Washington han aplicado dosis de microondas, similares a las que producen dichos equipos, a un grupo de ratas de laboratorio. Posteriormente se puso a prueba la habilidad de estos animales para recordar ciertos conceptos anteriormente aprendidos. Pues bien, las ratas parecieron perder algo de memoria a largo plazo, aunque no quedo demasiado claro si se trataba de una cuestión pasajera o no. Además, también perdieron cierta capacidad de orientación.

A este propósito,en los humanos se ha observado un cierto retraso en el tiempo de reacción del usuario ante la formulación de determinadas preguntas...Un argumento mas para no utilizar el teléfono cuando conducimos. Así pues, las emisiones de microondas podrían ocasionar otros efectos aun por estudiar.

No hay que caer en el alarmismo. A diferencia de las radiaciones capaces de ionizar, como los rayos-X o los gamma, que pueden romper los enlaces quimicos de las células y dañar el material genético ocasionando cancer, la energía de las microondas de los teléfonos es mucho menor y no puede ejercer un daño físico directo. Ni siquiera mantener el teléfono móvil pegado al oído durante todo el día  supondrá que nuestra oreja o cerebro acaben cocidos por el calor. Y es que la potencia de cada uno de estos terminales, es mil veces inferior a la de un horno de microondas.

El peligro, como ya se ha dicho, esta en la frecuencia de las ondas,no en su intensidad, situación que ha sido la menos estudiada hasta ahora y para la que Hyland reclama una mayor atención por parte de la comunidad investigadora. Este científico teme que las emisiones corporales tengan un papel en el control de cuestiones tales como la subdivision de las células, por lo que es perfectamente posible que la acción de emisiones externas de microondas tenga como consecuencia enfermedades cancerigenas. En otro experimento, un equipo de especialistas lanzo microondas hacia un grupo de larvas. El resultado fue que estas crecieron un cinco por ciento mas rápido que otro grupo no irradiado. Teniendo en cuenta que la aceleración de la division celular y cancer son términos demasiado proximos para nuestro gusto, habrá que mantenerse cautos.

Otra pregunta que hay que  hacerse es si esta realmente demostrado que las células son capaces de emitir luz coherente. Por ahora, apenas se sabe que el campo eléctrico a través de una menbrana celular es de unos 100.000 voltios por centímetro. Además, la naturaleza controla y explota estos campos, y lo hace equilibrandolos a ambos lados de la menbrana, como si fueran dipolos eléctricos que vibraran el uno contra el otro. Son estas vibraciones las que se hallan en la frecuencia de las microondas, y que por lo tanto pueden resultar perturbadas por emisiones procedentes del exterior.

Así, en un sistema biológico cuyo metabolismo es correcto, las vibraciones se sincronizan para producir fotones coherentes. Cuando el metabolismo no funciona bien, se pierde sincronismo y se incrementa la producción de biofotones de baja coherencia. Algo que delataría, si la teoría es correcta,que estamos enfermos. De la misma manera, una interferencia externa podría inducir a una perdida del sincronismo y a un debilatamiento del metabolismo. Para poder estimar cuales son las consecuencias exactas de algo así, debemos estudiar de forma mas precisa la actividad electromagnética de los sistemas biológicos.

La ciencia de base suele ser siempre un camino seguro para alcanzar cotas mas altas y complejas, y si lo conseguimos, podría ocurrir que esta comprension nos permitiera recorrer el camino inverso: utilizar fuentes de microondas exteriores, configuradas de manera adecuada, para tratar disfunciones en nuestras propias emisiones naturales. El uso terapéutico no esta probado, pero podría tener efectos beneficiosos. Todo se basa en nuestro complejo conocimiento del fenómeno. Cuando ello ocurra, podremos analizar las emisiones de luz coherente de los alimentos y por ejemplo,determinar así si están realmente sanos antes de su consumo. Cuanto mas coherente sea dicha luz, mas aptos serán para ser ingeridos.

Volviendo al ámbito medico,muchos estados anómalos serán dectetados con este sistema de análisis, sin que para ello debamos emplear métodos invasivos sobre el cuerpo,algo que sin duda los pacientes, cada vez mas exigentes agradeceran. Y yendo todavía mas allá, bacterias perniciosas que se habrían vuelto resistentes a los antibióticos, podrían ser tratadas con microondas resonantes y ser aniquiladas, ya sea fuera como dentro de nuestro cuerpo.

Las aplicaciones parecen tan fascinantes como inagotables. Y las perspectivas apuntan bien lejos: algunos autores creen que el fenómeno de la emisión biofotonica esta relacionado con el funcionamiento de la conciencia, al menos a nivel cuántico, uno de los secretos mejor guardados por el milagro de la vida inteligente sobre el que ahora se hace luz. Nunca mejor dicho.

sábado, 17 de agosto de 2013

Curando a Traves de la Luz

El profesor alemán Peter Mandel lleva mas de tres décadas practicando y enseñando una particular visión de la Medicina, la esogética, que pretende unir las tradiciones esotéricas clásicas con los últimos descubrimientos de las energías que se interrelacionan con los seres vivos.

Una Medicina que considera que las enfermedades se producen cuando hay una perdida de información en el organismo y aparecen desequilibrios energéticos, y que la forma de recuperar la salud es conseguir que esa información vuelva a las células del cuerpo.

Los modos de conseguir que el cuerpo recupere esa información para autorregularse son muy numerosos. Mandel utiliza casi doscientas técnicas diferentes, si bien la mas conocida y de uso general es la Colorpuntura, esto es, la aplicación de luces de colores en determinados puntos del organismo -muchos de los cuales coinciden con los de la acupuntura clásica- que tienen la propiedad de ofrecer la información que el cuerpo necesita. "El color no es la causa de la mejora, sino solo un medio para proporcionar al organismo la energía que contiene la información necesaria para que se vuelva a autorregular", declara Mandel.

La influencia del color sobre el organismo humano no es algo nuevo. Desde siempre se ha sabido que los colores influyen de alguna manera sobre el cuerpo, e incluso el propio Wolfgang Goethe escribió un tratado sobre colores que todavía es utilizado en las modernas terapias de color. La novedad es que en este caso no se considera que la energía de los colores sea la que influye en el organismo, sino que es la información que lleva esa energía la que "reprograma" el funcionamiento de las células.

Pero, ¿como puede influir una luz de color en unas células? Porque las células no tienen ojos que puedan ver el color...¿O si? Ya en los años veinte, el biólogo Alexander Gurwitsch descubrió algo que el llamo "radiación mitogénica", al observar que las raíces de una cebolla se dividían mas rápidamente si estaban próximas a las raíces de otra cebolla, una radiación que recientemente se ha demostrado que es simplemente luz. Han sido los trabajos del físico alemán Fritz-Alberp Popp, creador de la teoría de los biofotones, los que han demostrado que la comunicacion entre células que se encuentran separadas físicamente se realiza a través de la luz. Los fotones son el tam-tam con el que se comunican las células, por tanto, la luz, las diferentes longitudes de onda que forman los colores, son un medio de comunicacion que nos permite "hablar" directamente a las células.

En su sistema de terapias, Mandel ha sido ecléctico, tomando de diversas fuentes lo que le ha parecido que podía funcionar, sin importarle demasiado su origen o filosofía. Así, ha adoptado, por ejemplo, la clasificación clásica de los colores en calientes -rojo, naranja y amarillo-, con una función estimulante, yang o positiva, y los fríos -verde, azul y violeta-, con una acción calmante y características yin o negativas.

También encontró que la aplicación de estos colores se debía realizar preferentemente en los puntos clásicos de la acupuntura. ¿Simple casualidad? Es posible que no sea así, pues un trabajo realizado en 1989 en el Instituto para Medicina Clínica y Experimental en Novosibirsk, (Rusia), por el equipo del profesor Kaznachejew, encontró que en el cuerpo humano hay una serie de canales que transmiten los impulsos luminosos, y unos puntos capaces de distribuir la luz hacia otros del mismo canal, tal como se demostró mediante multiplicadores fotoeléctricos muy sensibles. Y, curiosamente, esos canales por los que se transmite la luz a lo largo de todo el cuerpo coinciden con los meridianos descritos por la medicina tradicional china.

Según la Colorpuntura, la aplicación de unas luces de colores sobre la piel se traslada al interior del organismo a través de estos canales, actuando en los lugares del cuerpo donde hay una deficiencia vibratoria. "Lo importante es estimular el punto en el que hay un bloqueo, donde no fluye la información -afirma Mandel-. Sin embargo, hay que saber donde esta el problema y es aquí donde actúa la fotografía Kirlian. De esta manera, una vez que se sabe  donde se encuentra la deficiencia, podemos enviar una información precisa a ese punto para que se desbloquee y pueda funcionar con normalidad como si hubiese que deshacer un nudo para que el cuerpo vuelva a trabajar con normalidad".
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