¿Quien construyo en pleno corazón de los Andes la prodigiosa ciudad de Tiahuanaco? Arqueologos y astrónomos se han dado cuenta de que ese enclave fue minuciosamente orientado con arreglo a posiciones solares y estelares, requiriendo el concurso de una tecnología y un saber prodigiosos.
En 1946 fallecía en Bolivia Arthur Posnansky, el "padre" de la arqueología boliviana. De origen germano y aspecto austero, en los años veinte fue el primer científico que se intereso por un extraño conjunto de ruinas próximas al lago Titicaca, emplazadas a 3.825 metros de altura, y que hasta ese momento solo atraían a canteros y constructores del ferrocarril que buscaban materia prima fácil para sus obras, o algún que otro comerciante de antiguedades.
Situadas a escasos metros de la pequeñisima villa de Tiahuanaco, y orientadas con precisión a los cuatro puntos cardinales, aquellas hoy mermadas ruinas llevan siglos excitando la imaginación de quienes las contemplan. Posnansky fue el primero en "caer" bajo su hechizo. Por suerte, tenia una visión de la arqueología muy adelantada para su época y decidió emplearse a fondo, sin titubear, en Tiahuanaco para resolver las dudas mas elementales: ¿quien construyo aquellos templos?, ¿que técnicas emplearon para mover miles de metros cúbicos de piedra?, y sobre todo, ¿para que?
Como todavía no se habían desarrollado métodos de datación como el carbono 14 o, mucho menos, la termoluminiscencia, Posnansky apostó por estudiar las alineaciones de los monumentos en relación a las posiciones de salida y puesta del Sol para así determinar en que época fueron levantados. Su técnica era relactivamente sencilla: el sabia que el Sol nunca amanece dos veces exactamente por el mismo lugar, sino que se desplaza sobre el horizonte en función de un fenómeno conocido como la "oblicuidad de la eclíptica". Esto es, la Tierra órbita en torno al Sol ligeramente inclinada con respecto al ecuador y esto provoca lógicamente, el "ecuador celeste" que vemos se encuentre también inclinado respecto al plano orbital.
Este ángulo conforma la llamada "oblicuidad eclíptica" y se desplaza progresivamente en ciclos de 41.000 años, oscilando entre los 22,1º y los 24,55º de ángulo. Pues bien, si una piedra se orienta hacia el punto de salida del sol en un monumento relativamente lejano en el tiempo, puede calcularse la diferencia espacial existente entre el lugar de aquel lejano amanecer y el nuestro, y determinar la fecha de orientación del monumento con escaso margen de error.
Posnansky aplico ese principio con pulcritud, y determino que el ángulo en el que se encontraba el horizonte de Tiahuanaco en el momento de su construcción (23º 8' 48" exactamente) se correspondía a una fecha indeterminada alrededor del 15000 a.C.
Aquella desproporcionada datación, lejos de amilanar a Posnansky, le forzó a desarrollar una teoría según la cual una avanzada civilizacion pobló América mucho antes de lo que lo supuesto por esa mayoría de expertos que concedían a Tiahuanaco una edad que oscilaba entre el 2000 a.C. y el 900 d.C. Es mas, aquella civilizacion, de avanzados conocimientos astronómicos, poseedora de un calendario preciso que el arqueologo germano creyó ver reflejado en la celebre Puerta del Sol -un bloque de andesita de 45 toneladas- y capaz de desplazar monolitos de mas de 400 toneladas -el doble de peso que los gigantescos bloques de caliza que forman parte del Templo de la Esfinge en la meseta de Gizeh, en Egipto- se extinguió tras un cataclismo devastador.
E inevitablemente emergió un nombre para explicar el origen cultural de Tiahuanaco: Atlántida. Y siguiendo al pie de la letra las alusiones de Platón a una isla y su capital, Poseidón, que se hundió hace 12.500 años, la Atlántida y Tiahuanaco coexistieron en el tiempo. En ese periodo del "primer Tiahuanaco" la ciudad tenia su propio puerto, cuestión que por cierto parecen reforzar las enormes piedras del vecino conjunto monumental de Puma Punku y que muchos estudiosos creen que son muelles de desembarco de mercancías.
Bajo el relieve de la Puerta del Sol que representa a Viracocha, se encuentra grabado un "plano" de la pirámide de Akapana con su "cámara sepulcral". Según el ingeniero y astrónomo Oscar Corvison, la Puerta del Sol de Tiahuanaco es una especie de "libro de instrucciones" del "muro calendario".
En el "muro calendario" de monolitos que hay detrás de la Puerta del Sol, cuenta con diez pilastras de piedra separadas equidistantemente menos una, donde la distancia con la siguiente es el doble de las demás. Esto indica que falta una pilastra, la séptima del conjunto, que una vez restaurada en su lugar contemplaría un calendario astronómico preciso. Las once pilastras completas marcan 20 posiciones del Sol en diferentes momentos del año y, a la vez, señalan la aparición de ciertas constelaciones en el firmamento nocturno del altiplano. Las piedras fueron orientadas marcando posiciones celestes de, cuanto menos, el 9000 a.C. Las pilastras marcaban varias constelaciones. Por ejemplo, cuando el Sol se pone sobre la undécima pilastra, esa noche Orión emergerá por el centro del muro. Cuando se ponga sobre la décima, serán las Pleyades. Sobre la quinta, la Cruz del Sur...
En 1946 fallecía en Bolivia Arthur Posnansky, el "padre" de la arqueología boliviana. De origen germano y aspecto austero, en los años veinte fue el primer científico que se intereso por un extraño conjunto de ruinas próximas al lago Titicaca, emplazadas a 3.825 metros de altura, y que hasta ese momento solo atraían a canteros y constructores del ferrocarril que buscaban materia prima fácil para sus obras, o algún que otro comerciante de antiguedades.
Situadas a escasos metros de la pequeñisima villa de Tiahuanaco, y orientadas con precisión a los cuatro puntos cardinales, aquellas hoy mermadas ruinas llevan siglos excitando la imaginación de quienes las contemplan. Posnansky fue el primero en "caer" bajo su hechizo. Por suerte, tenia una visión de la arqueología muy adelantada para su época y decidió emplearse a fondo, sin titubear, en Tiahuanaco para resolver las dudas mas elementales: ¿quien construyo aquellos templos?, ¿que técnicas emplearon para mover miles de metros cúbicos de piedra?, y sobre todo, ¿para que?
Como todavía no se habían desarrollado métodos de datación como el carbono 14 o, mucho menos, la termoluminiscencia, Posnansky apostó por estudiar las alineaciones de los monumentos en relación a las posiciones de salida y puesta del Sol para así determinar en que época fueron levantados. Su técnica era relactivamente sencilla: el sabia que el Sol nunca amanece dos veces exactamente por el mismo lugar, sino que se desplaza sobre el horizonte en función de un fenómeno conocido como la "oblicuidad de la eclíptica". Esto es, la Tierra órbita en torno al Sol ligeramente inclinada con respecto al ecuador y esto provoca lógicamente, el "ecuador celeste" que vemos se encuentre también inclinado respecto al plano orbital.
Este ángulo conforma la llamada "oblicuidad eclíptica" y se desplaza progresivamente en ciclos de 41.000 años, oscilando entre los 22,1º y los 24,55º de ángulo. Pues bien, si una piedra se orienta hacia el punto de salida del sol en un monumento relativamente lejano en el tiempo, puede calcularse la diferencia espacial existente entre el lugar de aquel lejano amanecer y el nuestro, y determinar la fecha de orientación del monumento con escaso margen de error.
Posnansky aplico ese principio con pulcritud, y determino que el ángulo en el que se encontraba el horizonte de Tiahuanaco en el momento de su construcción (23º 8' 48" exactamente) se correspondía a una fecha indeterminada alrededor del 15000 a.C.
Aquella desproporcionada datación, lejos de amilanar a Posnansky, le forzó a desarrollar una teoría según la cual una avanzada civilizacion pobló América mucho antes de lo que lo supuesto por esa mayoría de expertos que concedían a Tiahuanaco una edad que oscilaba entre el 2000 a.C. y el 900 d.C. Es mas, aquella civilizacion, de avanzados conocimientos astronómicos, poseedora de un calendario preciso que el arqueologo germano creyó ver reflejado en la celebre Puerta del Sol -un bloque de andesita de 45 toneladas- y capaz de desplazar monolitos de mas de 400 toneladas -el doble de peso que los gigantescos bloques de caliza que forman parte del Templo de la Esfinge en la meseta de Gizeh, en Egipto- se extinguió tras un cataclismo devastador.
E inevitablemente emergió un nombre para explicar el origen cultural de Tiahuanaco: Atlántida. Y siguiendo al pie de la letra las alusiones de Platón a una isla y su capital, Poseidón, que se hundió hace 12.500 años, la Atlántida y Tiahuanaco coexistieron en el tiempo. En ese periodo del "primer Tiahuanaco" la ciudad tenia su propio puerto, cuestión que por cierto parecen reforzar las enormes piedras del vecino conjunto monumental de Puma Punku y que muchos estudiosos creen que son muelles de desembarco de mercancías.
Bajo el relieve de la Puerta del Sol que representa a Viracocha, se encuentra grabado un "plano" de la pirámide de Akapana con su "cámara sepulcral". Según el ingeniero y astrónomo Oscar Corvison, la Puerta del Sol de Tiahuanaco es una especie de "libro de instrucciones" del "muro calendario".
En el "muro calendario" de monolitos que hay detrás de la Puerta del Sol, cuenta con diez pilastras de piedra separadas equidistantemente menos una, donde la distancia con la siguiente es el doble de las demás. Esto indica que falta una pilastra, la séptima del conjunto, que una vez restaurada en su lugar contemplaría un calendario astronómico preciso. Las once pilastras completas marcan 20 posiciones del Sol en diferentes momentos del año y, a la vez, señalan la aparición de ciertas constelaciones en el firmamento nocturno del altiplano. Las piedras fueron orientadas marcando posiciones celestes de, cuanto menos, el 9000 a.C. Las pilastras marcaban varias constelaciones. Por ejemplo, cuando el Sol se pone sobre la undécima pilastra, esa noche Orión emergerá por el centro del muro. Cuando se ponga sobre la décima, serán las Pleyades. Sobre la quinta, la Cruz del Sur...

No hay comentarios:
Publicar un comentario