Este británico, nacido en 1906, originalmente físico y posteriormente bioquímico, revoluciono en 1953 el mundo de la ciencia, consiguiendo también un Nobel por su descubrimiento, en colaboración con James Watson, de la estructura molecular del ADN, ese supercomplejo software que construye la irrepetible individualidad de cada ser vivo, de cada ser humano.
Un programa codificado en nuestros genes que determina como somos, desde el color de los ojos hasta las tendencias de nuestro carácter, o la propensión a padecer determinadas enfermedades. "El mensaje del libro -anuncia Crick- es que ha llegado el momento de pensar científicamente sobre la conciencia (y su relación, si la tiene, con la hipotética alma inmortal) y, lo mas importante de todo, el momento de empezar el estudio experimental de la conciencia de un modo serio y equilibrado".
Aunque para legos como lo somos la mayoría de nosotros el párrafo suene a chino, quizá quien posee suficientes conocimientos en neurología pueda sacar algo en limpio de la teoría elaborada por Crick: "La consciencia depende fundamentalmente de las conexiones del tálamo con el cortex. Solo existe si determinadas áreas corticales tienen circuitos reverberatorios implicando a las capas 4 y 6, que se proyectan con fuerza suficiente como para producir reverberaciones significativas".
En un alarde de humildad que frecuentemente se encuentra tan solo en lo mas grandes científicos, Crick reconoce la endeblez de su hipótesis. "Mientras la escribo, me asaltan continuamente dudas y matices. Si cualquier otro la formulara, yo la condenaría sin dudar como un castillo de naipes: lo tocas y se derrumba. Su única virtud es que puede aguijonear a científicos y filósofos a pensar en estos problemas en términos neuronales, y así acelerar el asalto experimental a la consciencia".
Casi al final de su libro, Crick no puede menos que preguntarse si algún día se construirán computadores "conscientes". "Creo que a largo plazo es posible, aunque puedan presentarse limitaciones técnicas que sean practicamente insalvables (...) Hasta que no comprendamos que nos hace conscientes, probablemente no seremos capaces de diseñar la maquina artificial adecuada".
Cuando lleguemos a entenderlo, ¿conoceremos todos esos procesos mentales que tanto nos fascinan? "El objetivo de la ciencia es explicar todos los aspectos del comportamiento de nuestro cerebro, incluyendo el de los músicos, los místicos y los matemáticos".
Para el investigador británico, este acontecimiento no tendrá lugar en el plazo de milenios, ni siquiera de siglos. "Yo no digo que vaya a ocurrir rápidamente. Lo que creo es que, si insistimos en el asalto, es probable que alcancemos esa comprension algún día, quizá durante el siglo XXI..."
Extendiendo sus tentáculos mentales mucho mas allá de este siglo XXI, otros científicos de vanguardia como el físico Frank J. Tippler, critica que muchos profanos en la ciencia de la computación "consideran que la comparación del cerebro con un computador y del alma con un programa ejecutable es, a lo sumo, un símil aproximado. Pero se trata de algo mas que de una mera analogía. El cerebro es, en efecto, un ordenador, y el alma es un programa".
Gracias a un aumento de la complejidad y de la miniaturización, los expertos en computación han llegado a un punto en el cual la capacidad potencial de los cerebros de silicio se aproxima a la de los humanos. Hacia los años 60 nace el concepto de Inteligencia Artificial, se coquetea con la idea de dotar con capacidades intelectuales a los computadores y algunos informáticos ilustres como Hans Moravec, investigador de la Universidad de Carnegie-Mellon, desmitifican el tema hasta tal punto que, según aseguran, hacia el año 2020 cualquier ciudadano podrá disponer de un ordenador de sobremesa con inteligencia "humana" por una cantidad de dinero razonable.
"El ordenador supera al cerebro en la rapidez y la eficacia con la que puede manejar algunos datos, pero es inferior en el reconocimiento de imagenes y en el procesamiento de informaciones complejas", dice el doctor José Manuel Rodriguez Delgado en su libro Mi Cerebro y Yo. Delgado fue catedrático de fisiología en la prestigiosa Universidad de Yale. Gary Kasparov, ya en aquel entonces campeón mundial de ajedrez decía, "nunca un ordenador podrá ganarle a un Gran Maestro jugando al ajedrez". Había que verle la expresión de su cara cuando, la maquina Deep Blue de IBM le derroto fulminantemente. La diferencia es clara. La evolución fisiológica de nuestro cerebro se ha detenido. Pero la de los ordenadores avanza imparable.
Todos los informáticos saben que cada 18 meses la potencia de los microprocesadores se duplica y, simultaneamente, su precio disminuye a la mitad. En fin, parece haber pocas dudas de que esta es una carrera como la que disputarían un cansado y envejecido peatón con un maratoniano de elite. Mas tarde o mas temprano -previsiblemente mas temprano- nuestras criaturas electrónicas nos alcanzaran y nos sobrepasarán.
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