A partir de la Teoría de la Relatividad de Einstein el mundo de tres dimensiones incorporo lo que resultaba evidente: el tiempo como la cuarta dimensión que establece la duración y continuidad de los procesos de transformación. El Universo es una "maquina" del tiempo colosal que se desenvuelve incesantemente según nuestra perspectiva, en una dirección única: del efímero presente hacia el futuro.
Este movimiento perpetuo fue denominado la flecha del tiempo por Sir Arthur Eddinngton en 1929. Pero la Teoría Electromagnética de Maxwell ya había introducido la apasionante posibilidad de una simetría hacia el pasado. El tiempo, según su postulado, no seria unidireccional como parece, el pasado, el presente y el futuro podrían existir en forma simultanea.
La ecuación fundamental de Einstein estableció que la duración relativa de los sucesos varía según la velocidad y la masa adquirida por los cuerpos en movimiento, así como también por su equivalente: la intensidad de la fuerza gravitatoria. Teóricamente a la velocidad de la luz todos los sucesos se detienen. Si pudiese superarse esa velocidad los acontecimientos fluirían... hacia el pasado. Pero los físicos concluyen que esto no es posible: cualquier cuerpo que alcance la velocidad lumínica se destruiría como tal para transformarse en energía.
Como si fuera un juego de ciencia ficción, la ciencia abandona su ortodoxia y trata de resolver las paradojas que surgirian de una simetría del tiempo que permitiría el regreso al pasado. Algunos modelos teóricos calculan que serian necesarias hasta once dimensiones para poder describir la armonía del Universo. En este contexto la simetría del tiempo consistiría en un pasado y un futuro virtuales, arrollados en una "nada" potencial. Mientras el presente fugaz se enrolla y desaparece en dirección hacia el pasado, el futuro se desenvuelve y crea el presente, en un ciclo continuo y coherente.
En esta hipótesis, a las tres dimensiones espaciales habría que sumarle tres dimensiones temporales coexistentes. Estos desarrollos teóricos expresan el espacio-tiempo como un continuo simétrico que incluye todos los tiempos. Por ejemplo, si unimos cada instante de nuestra vida y la vemos como un proceso, ya no sera un punteado de eventos sino una linea que comienza en el nacimiento y termina con la muerte. La coexistencia de un futuro virtual preexistente invierte el sentido de dirección de la flecha del tiempo. La secuencia seria futuro-presente-pasado.
Para el físico Fred Hoyle existiría una fuente de información y una inteligencia cósmica, situada en un remoto futuro o fuera del tiempo, que actuaria como formador de eventos. En este caso el tiempo se movería como una película circular proyectada hacia atrás. El futuro vendría y se haría real frente al "proyector" del presente, para luego dirigirse hacia el pasado. En algún momento de la "proyección" el "final" de la historia cósmica empalmaría con el "comienzo" para renovar el ciclo. La conclusión asombrosa es que todos los tiempos y procesos del Universo habrían emergido potencial y simultaneamente y que, por tanto, no habría comienzo ni final en su aspecto virtual.
La hipótesis de Hoyle guarda semejanza con la teoría del también físico David Bohm, quien habla de un orden " implicado", un potencial preexistente en el vació que acaba por actualizarse y construir una realidad cada vez mas compleja. A partir de la física cuántica, el limite entre lo real y lo virtual se va desdibujando. El presente "material" es solo una fulguracion coherente de campos de energía incesantes que emergen desde el espacio vació. Detrás de lo visible asoma continuamente el potencial de "algo" invisible, una matriz formadora desde una nada inaprehensible. El "instante" constituiría el ecuador del tiempo, la linea fugaz donde lo virtual se vuelve transitoriamente real.
Si no hay pasados o futuros "concretos", el viaje al futuro seria como asomarse a una irrealidad que tiene la plasticidad cambiante e inconsciente de un sueño. Lo que allí se conforme poseería la característica de ser probable, pero no inevitable. Así lo plantea el I-Ching, el oráculo taoísta. En esta hipótesis el Universo futuro tendría variables infinitas en lo virtual, aunque acabaria por desarrollar un único universo real.
Pero, ¿podria determinar un hipotético viajero al futuro probable que aquello que encuentre no parezca real?Esta es la pesadilla que plantean a su manera la película Matrix, o la que expuso hace dos siglos el filosofo Berkeley al dudar de la realidad presente. Si juntamos ambas visiones podemos suponer que todos los tiempos son paralelos y reales a su manera...lo que abre una serie casi infinita de un mismo Universo.
Lo que hemos hecho hace un minuto -o un segundo o un año- se estaría realizando paralelamente a la distancia de un minuto, un segundo o un año. La comunicacion entre los diferentes tiempos seria posible a través de una linea espacialmente transversal. A medida que la relación mente-materia cobra carta de ciudadania en el nuevo paradigma científico, el mismo Universo comienza a surgir como la manisfetacion de un hipercampo mental.
En este caso cabe la posibilidad de crear instrumentos tecnologicos que actúen como extensiones amplificadoras de la mente humana. De la misma forma que los ordenadores utilizan un soporte físico para movilizar la información inmaterial, el campo mental amplificado no tendría obstáculos para ir mas allá de los limites del presente y operar sobre los tiempos virtuales o paralelos.
Quizá, aunque no lo sepamos, desde el futuro nos estén llegando las señales de la supermente cósmica para instruirnos y hacernos participes activos en el superjuego del Universo.
Este movimiento perpetuo fue denominado la flecha del tiempo por Sir Arthur Eddinngton en 1929. Pero la Teoría Electromagnética de Maxwell ya había introducido la apasionante posibilidad de una simetría hacia el pasado. El tiempo, según su postulado, no seria unidireccional como parece, el pasado, el presente y el futuro podrían existir en forma simultanea.
La ecuación fundamental de Einstein estableció que la duración relativa de los sucesos varía según la velocidad y la masa adquirida por los cuerpos en movimiento, así como también por su equivalente: la intensidad de la fuerza gravitatoria. Teóricamente a la velocidad de la luz todos los sucesos se detienen. Si pudiese superarse esa velocidad los acontecimientos fluirían... hacia el pasado. Pero los físicos concluyen que esto no es posible: cualquier cuerpo que alcance la velocidad lumínica se destruiría como tal para transformarse en energía.
Como si fuera un juego de ciencia ficción, la ciencia abandona su ortodoxia y trata de resolver las paradojas que surgirian de una simetría del tiempo que permitiría el regreso al pasado. Algunos modelos teóricos calculan que serian necesarias hasta once dimensiones para poder describir la armonía del Universo. En este contexto la simetría del tiempo consistiría en un pasado y un futuro virtuales, arrollados en una "nada" potencial. Mientras el presente fugaz se enrolla y desaparece en dirección hacia el pasado, el futuro se desenvuelve y crea el presente, en un ciclo continuo y coherente.
En esta hipótesis, a las tres dimensiones espaciales habría que sumarle tres dimensiones temporales coexistentes. Estos desarrollos teóricos expresan el espacio-tiempo como un continuo simétrico que incluye todos los tiempos. Por ejemplo, si unimos cada instante de nuestra vida y la vemos como un proceso, ya no sera un punteado de eventos sino una linea que comienza en el nacimiento y termina con la muerte. La coexistencia de un futuro virtual preexistente invierte el sentido de dirección de la flecha del tiempo. La secuencia seria futuro-presente-pasado.
Para el físico Fred Hoyle existiría una fuente de información y una inteligencia cósmica, situada en un remoto futuro o fuera del tiempo, que actuaria como formador de eventos. En este caso el tiempo se movería como una película circular proyectada hacia atrás. El futuro vendría y se haría real frente al "proyector" del presente, para luego dirigirse hacia el pasado. En algún momento de la "proyección" el "final" de la historia cósmica empalmaría con el "comienzo" para renovar el ciclo. La conclusión asombrosa es que todos los tiempos y procesos del Universo habrían emergido potencial y simultaneamente y que, por tanto, no habría comienzo ni final en su aspecto virtual.
La hipótesis de Hoyle guarda semejanza con la teoría del también físico David Bohm, quien habla de un orden " implicado", un potencial preexistente en el vació que acaba por actualizarse y construir una realidad cada vez mas compleja. A partir de la física cuántica, el limite entre lo real y lo virtual se va desdibujando. El presente "material" es solo una fulguracion coherente de campos de energía incesantes que emergen desde el espacio vació. Detrás de lo visible asoma continuamente el potencial de "algo" invisible, una matriz formadora desde una nada inaprehensible. El "instante" constituiría el ecuador del tiempo, la linea fugaz donde lo virtual se vuelve transitoriamente real.
Si no hay pasados o futuros "concretos", el viaje al futuro seria como asomarse a una irrealidad que tiene la plasticidad cambiante e inconsciente de un sueño. Lo que allí se conforme poseería la característica de ser probable, pero no inevitable. Así lo plantea el I-Ching, el oráculo taoísta. En esta hipótesis el Universo futuro tendría variables infinitas en lo virtual, aunque acabaria por desarrollar un único universo real.
Pero, ¿podria determinar un hipotético viajero al futuro probable que aquello que encuentre no parezca real?Esta es la pesadilla que plantean a su manera la película Matrix, o la que expuso hace dos siglos el filosofo Berkeley al dudar de la realidad presente. Si juntamos ambas visiones podemos suponer que todos los tiempos son paralelos y reales a su manera...lo que abre una serie casi infinita de un mismo Universo.
Lo que hemos hecho hace un minuto -o un segundo o un año- se estaría realizando paralelamente a la distancia de un minuto, un segundo o un año. La comunicacion entre los diferentes tiempos seria posible a través de una linea espacialmente transversal. A medida que la relación mente-materia cobra carta de ciudadania en el nuevo paradigma científico, el mismo Universo comienza a surgir como la manisfetacion de un hipercampo mental.
En este caso cabe la posibilidad de crear instrumentos tecnologicos que actúen como extensiones amplificadoras de la mente humana. De la misma forma que los ordenadores utilizan un soporte físico para movilizar la información inmaterial, el campo mental amplificado no tendría obstáculos para ir mas allá de los limites del presente y operar sobre los tiempos virtuales o paralelos.
Quizá, aunque no lo sepamos, desde el futuro nos estén llegando las señales de la supermente cósmica para instruirnos y hacernos participes activos en el superjuego del Universo.

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