Científicos como la doctora Hertha von Dechend de la Universidad de Frankfurt, y Giorgio de Santillana, del Instituto Tecnológico de Massachusetts, defendieron en 1969 que en los mitos de pueblos de todo el mundo existen suficientes datos como para sustentar la existencia de un saber astronómico al que solo accedían ciertas castas de "iniciados", de al menos ocho mil años de antiguedad. Es mas, aunque les cuesta dar ese paso en su obra, terminan reconociendo que antes del inicio de las civilizaciones sumeria o egipcia debió existir una "casi increíble civilizacion ancestral" que culturizo Egipto, Sumer, India, Grecia y México...por lo menos. Una cultura que tenia en cuenta sutilezas tales como que las estrellas se desplazan en la bóveda celeste un grado cada 72 años. Un numero el 72, por cierto, importantísimo en la Antiguedad.
En 1995, Graham Hancock se asocio con un ingeniero angloegipcio llamado Robert Bauval para desarrollar una tesis enunciada tiempo antes por este: que las tres grandes pirámides de Gizeh, atribuidas a los faraones Keops, Kefren y Micerinos, se identificaron hace cuarenta y cinco siglos para imitar sobre el suelo las tres estrellas del llamado "cinturón" de la constelación de Orión. El trabajo de Hancock y Bauval, no obstante, supero todas las previsiones. No solo demostraron que la situación de las estrellas Al Nitak, Al Nilam y Mintaka inspiraron la disposición de aquellas tres pirámides, sino que estas se construyeron para marcar una determinada posición de Orión en los cielos. Exactamente su situación mas baja sobre el horizonte, en el equinoccio de primavera de 10500 a.C.
Bauval y Hancock se quedaron perplejos: en ese momento de la historia no existía aun la civilizacion egipcia según los historiadores. Entonces ¿por que los constructores de las pirámides "marcaron" esa fecha en Gizeh? Mas tarde, en 1996, en su libro Guardian del Genesis, los dos explicaron una antigua creencia egipcia según la cual en ese oscuro periodo de tiempo el Nilo estuvo gobernado por los Shemsu-Hor o "compañeros de Horus", una estirpe semidivina que gozo de conocimientos astronómicos que lego a sacerdotes faraones en forma de relatos míticos y lugares señalados. Estos debieron ser los que orientaron las pirámides hacia la posición de Orión en 10500 a.C, los que situaron a la Esfinge mirando hacia donde en aquella fecha emergía la constelación de Leo y quienes se dieron cuenta de la circunstancia de que hace mas de doce mil años la Vía Láctea emergía en el mismo lugar del horizonte de Gizeh por donde se perdía el Nilo de vista. Todo un espejo del cielo.
Hasta hoy han llegado referencias de los Shemsu-Hor en las paredes de templos como Edfu o Dendera, en el Alto Nilo, donde los jeroglíficos indican que los cimientos de esos recintos descansan sobre los otros templos construidos por los Shemsu-Hor, como si allí hubieran "marcado" algo. La identidad de estos "sabios" antiguos es un enigma. De ellos apenas sabemos que se sintieron fascinados por la estrella Sirio -que mas tarde encarnaría a la diosa Isis-, y por la constelación de Orión, contrapartida estelar de Osiris. y que templos como Edfu los orientaron no a los lugares de salida y puesta del sol como fue común en Egipto, sino a los puntos por donde emergian las constelaciones de Orión en el Sur y la Osa Mayor en el Norte.
Y así, templos o pirámides comenzaron a ser vistos a raíz de los trabajos de Hancock y Bauval como "maquinas astronómicas" afines a la creencia egipcia de que el alma de los difuntos debía atravesar una serie de pruebas hasta alcanzar un lugar en el firmamento, el Duat, por donde ingresar al Amenti, al mas allá. Estas construciones debieron servir para guiar ese camino...
Pero, ¿se trata solo de una creencia egipcia? En su libro Heaven's Mirror (Espejo del Cielo), Hancock afirma que no. A fin de cuentas, la idea de los "sabios" astrónomos fundadores de civilizaciones se encuentra también en México, donde sus antiguos pobladores veneraron a un "rey-dios" llamado Quetzalcoatl, que dio las indicaciones pertinentes para edificar el complejo piramidal de Teotihuacan, cuya función simbólica parecía ser la de "convertir a los hombres en dioses" y la de marcar el movimiento de la constelación de las Pleyades. Algunas tradiciones nahuales describen someramente ese proceso y como este era controlado por unos misteriosos "compañeros de Quetzalcoatl", también versados en los secretos del Universo. Tanto que la "avenida de los muertos" de este complejo es, según demostró en los años 20 Stansbury Hagar, del Instituto Brooklyn de Artes y Ciencias, una representacion de la Vía Láctea como camino a recorrer por los difuntos hasta el mas allá. Y eso por no hablar de otros enclaves como Uxmal, con templos distribuidos a imitación de Aries, Tauro o Géminis, o Utatlan, a imagen de Orión.
Con todo, la aportacion mas destacada de Hancock a su tesis de que hubo un grupo de "astrónomos" ancestrales que crearon observatorios a lo largo del planeta cuyas edificaciones imitaban determinadas constelaciones, esta vinculada a los santuarios camboyanos de Angkor. Construidos entre los siglos IX y XII d.C. por monarcas de la dinastia Khmer, los templos de Angkor son unas impresionantes construcciones plagadas de motivos serpentiformes. La tradicion que los acompaña habla de los misteriosos "Nagas" o "reyes-cobra" de caracteristicas semidivinas, cuyos retratos y simbolos aparecen esculpidos por doquier. Aparte de lo que los textos vedicos dicen de ellos, poco mas se sabe, salvo que llegaron a Angkor para "marcar el lugar". Curiosamente, Angkor se encuentra exactamente a 72º al este de Gizeh -un numero precesional-, y la disposición de sus 72 templos imita la constelación del Dragon. Orientados con precision a los cuatro puntos cardinales, Hancock quiso hacer in situ, una comprobacion elemental: ¿que posición ocupaba la constelación del Dragon en el equinoccio de primavera de 10500 a.C? La respuesta de su ordenador le dejo petrificado. En ese momento, las estrellas del Dragon estaban en su punto mas bajo del horizonte, justo en el Norte, tal y como sucedía con las pirámides de Gizeh y Orión. Es mas, desde Angkor en esa fecha podía verse a Leo en el Este, Acuario en el Oeste y Orión en el Sur, marcando los ejes del cielo. ¿Una disposición "programada"?
Investigaciones posteriores revelaron demasiados puntos de coincidencia entre Angkor y Gizeh: ambos conjuntos se edificaron a toda prisa en menos de cuatro siglos, en ambos se practicaban ceremonias para hacer "vivir" a estatuas de sus lideres, en ambos se creía que un dios pesaba las almas de los muertos en un juicio, acompañado por otras divinidades, y por si fuera poco Angkor tiene significado en el lenguaje de los faraones: "ankh hor" significa "Horus vive". Hancock sostiene, pues, que Angkor era un punto geodésico marcado para reflejar determinadas constelaciones sobre suelo de Camboya. Siguiendo su lógica, en el pasado una civilizacion "X" marco todo el planeta con arreglo a números propios de la precision como el 72 (que marca el numero de años que tardan las estrellas en moverse 1º), el 108 (72 mas su mitad, 36. Esto es 1,5º de desplazamiento) o el 54 (la mitad de 108).
Pues bien a 54º al este de Angkor se encuentra Ponhpei, en pleno océano Pacifico, y en donde floreció otra cultura que dejo construcciones de piedra que hoy configuran varios templos y casi un centenar de islas artificiales de basalto y coral. Por Ponhpei, y por su santuario de Nan Madol, pasaron investigadores como Andreas Faber-Kaiser, sin hallar todas las respuestas al enigma que plantea una cultura capaz de mover toneladas de piedra en medio del mas duro aislamiento geográfico. Como en los enclaves anteriores, en Nan Madol también se habla de dioses reyes -seres semidivinos- que edificaron el santuario, construyeron las islas y dejaron una tradicion que hablaba de las pruebas a superar por los difuntos antes de ingresar en una región estelar. Olosopa y Olosipa, los dioses en cuestión, también fueron astrónomos y dejaron su legado en las mismas fechas en que se edifico Angkor. Lo curioso es que, como en Egipto, Angkor y Nan Madol se edificaron en enclaves sagrados de origen nebuloso. Lugares previamente "marcados" por los dioses.
Algo parecido sucede con las primeras catedrales góticas, edificadas sobre lugares sagrados paganos hacia los siglos XI y XII, en plena efervescencia arquitectónica en Camboya o Ponhpei. Uno de los primeros en darse cuenta fue Louis Charpentier, autor de El enigma de la catedral de Chartres. Este francés afirmo que las catedrales galas de Reims, Chartres, Amiens, Bayeaux, Evreux, Etampes, Laon y Notre Dame de l'Epine reproducían sobre el suelo la constelación de Virgo. Ese "mapa" fue confeccionado, según Charpentier, siguiendo las indicaciones de un grupo de iniciados del Temple que heredo su sabiduría en Jerusalén, a donde pudo llegar desde Egipto. De lo que se trataba era de crear "entradas al Reino de Dios", escribió, "y eso requiere una ciencia mas alta que la de los cálculos de fuerzas y resistencias".
En Europa fueron las catedrales góticas, en Camboya los impresionantes templos de Angkor, en la Polinesia los ciclopeos templos de Nan Madol...Todos tienen un denominador común: están orientados hacia determinadas constelaciones, como si pretendieran imitar en el suelo aquello que esta en los cielos. Los antiguos egipcios fueron los que iniciaron este "plan" que parece llevar miles de años en marcha.
En 1995, Graham Hancock se asocio con un ingeniero angloegipcio llamado Robert Bauval para desarrollar una tesis enunciada tiempo antes por este: que las tres grandes pirámides de Gizeh, atribuidas a los faraones Keops, Kefren y Micerinos, se identificaron hace cuarenta y cinco siglos para imitar sobre el suelo las tres estrellas del llamado "cinturón" de la constelación de Orión. El trabajo de Hancock y Bauval, no obstante, supero todas las previsiones. No solo demostraron que la situación de las estrellas Al Nitak, Al Nilam y Mintaka inspiraron la disposición de aquellas tres pirámides, sino que estas se construyeron para marcar una determinada posición de Orión en los cielos. Exactamente su situación mas baja sobre el horizonte, en el equinoccio de primavera de 10500 a.C.
Bauval y Hancock se quedaron perplejos: en ese momento de la historia no existía aun la civilizacion egipcia según los historiadores. Entonces ¿por que los constructores de las pirámides "marcaron" esa fecha en Gizeh? Mas tarde, en 1996, en su libro Guardian del Genesis, los dos explicaron una antigua creencia egipcia según la cual en ese oscuro periodo de tiempo el Nilo estuvo gobernado por los Shemsu-Hor o "compañeros de Horus", una estirpe semidivina que gozo de conocimientos astronómicos que lego a sacerdotes faraones en forma de relatos míticos y lugares señalados. Estos debieron ser los que orientaron las pirámides hacia la posición de Orión en 10500 a.C, los que situaron a la Esfinge mirando hacia donde en aquella fecha emergía la constelación de Leo y quienes se dieron cuenta de la circunstancia de que hace mas de doce mil años la Vía Láctea emergía en el mismo lugar del horizonte de Gizeh por donde se perdía el Nilo de vista. Todo un espejo del cielo.
Hasta hoy han llegado referencias de los Shemsu-Hor en las paredes de templos como Edfu o Dendera, en el Alto Nilo, donde los jeroglíficos indican que los cimientos de esos recintos descansan sobre los otros templos construidos por los Shemsu-Hor, como si allí hubieran "marcado" algo. La identidad de estos "sabios" antiguos es un enigma. De ellos apenas sabemos que se sintieron fascinados por la estrella Sirio -que mas tarde encarnaría a la diosa Isis-, y por la constelación de Orión, contrapartida estelar de Osiris. y que templos como Edfu los orientaron no a los lugares de salida y puesta del sol como fue común en Egipto, sino a los puntos por donde emergian las constelaciones de Orión en el Sur y la Osa Mayor en el Norte.
Y así, templos o pirámides comenzaron a ser vistos a raíz de los trabajos de Hancock y Bauval como "maquinas astronómicas" afines a la creencia egipcia de que el alma de los difuntos debía atravesar una serie de pruebas hasta alcanzar un lugar en el firmamento, el Duat, por donde ingresar al Amenti, al mas allá. Estas construciones debieron servir para guiar ese camino...
Pero, ¿se trata solo de una creencia egipcia? En su libro Heaven's Mirror (Espejo del Cielo), Hancock afirma que no. A fin de cuentas, la idea de los "sabios" astrónomos fundadores de civilizaciones se encuentra también en México, donde sus antiguos pobladores veneraron a un "rey-dios" llamado Quetzalcoatl, que dio las indicaciones pertinentes para edificar el complejo piramidal de Teotihuacan, cuya función simbólica parecía ser la de "convertir a los hombres en dioses" y la de marcar el movimiento de la constelación de las Pleyades. Algunas tradiciones nahuales describen someramente ese proceso y como este era controlado por unos misteriosos "compañeros de Quetzalcoatl", también versados en los secretos del Universo. Tanto que la "avenida de los muertos" de este complejo es, según demostró en los años 20 Stansbury Hagar, del Instituto Brooklyn de Artes y Ciencias, una representacion de la Vía Láctea como camino a recorrer por los difuntos hasta el mas allá. Y eso por no hablar de otros enclaves como Uxmal, con templos distribuidos a imitación de Aries, Tauro o Géminis, o Utatlan, a imagen de Orión.
Con todo, la aportacion mas destacada de Hancock a su tesis de que hubo un grupo de "astrónomos" ancestrales que crearon observatorios a lo largo del planeta cuyas edificaciones imitaban determinadas constelaciones, esta vinculada a los santuarios camboyanos de Angkor. Construidos entre los siglos IX y XII d.C. por monarcas de la dinastia Khmer, los templos de Angkor son unas impresionantes construcciones plagadas de motivos serpentiformes. La tradicion que los acompaña habla de los misteriosos "Nagas" o "reyes-cobra" de caracteristicas semidivinas, cuyos retratos y simbolos aparecen esculpidos por doquier. Aparte de lo que los textos vedicos dicen de ellos, poco mas se sabe, salvo que llegaron a Angkor para "marcar el lugar". Curiosamente, Angkor se encuentra exactamente a 72º al este de Gizeh -un numero precesional-, y la disposición de sus 72 templos imita la constelación del Dragon. Orientados con precision a los cuatro puntos cardinales, Hancock quiso hacer in situ, una comprobacion elemental: ¿que posición ocupaba la constelación del Dragon en el equinoccio de primavera de 10500 a.C? La respuesta de su ordenador le dejo petrificado. En ese momento, las estrellas del Dragon estaban en su punto mas bajo del horizonte, justo en el Norte, tal y como sucedía con las pirámides de Gizeh y Orión. Es mas, desde Angkor en esa fecha podía verse a Leo en el Este, Acuario en el Oeste y Orión en el Sur, marcando los ejes del cielo. ¿Una disposición "programada"?
Investigaciones posteriores revelaron demasiados puntos de coincidencia entre Angkor y Gizeh: ambos conjuntos se edificaron a toda prisa en menos de cuatro siglos, en ambos se practicaban ceremonias para hacer "vivir" a estatuas de sus lideres, en ambos se creía que un dios pesaba las almas de los muertos en un juicio, acompañado por otras divinidades, y por si fuera poco Angkor tiene significado en el lenguaje de los faraones: "ankh hor" significa "Horus vive". Hancock sostiene, pues, que Angkor era un punto geodésico marcado para reflejar determinadas constelaciones sobre suelo de Camboya. Siguiendo su lógica, en el pasado una civilizacion "X" marco todo el planeta con arreglo a números propios de la precision como el 72 (que marca el numero de años que tardan las estrellas en moverse 1º), el 108 (72 mas su mitad, 36. Esto es 1,5º de desplazamiento) o el 54 (la mitad de 108).
Pues bien a 54º al este de Angkor se encuentra Ponhpei, en pleno océano Pacifico, y en donde floreció otra cultura que dejo construcciones de piedra que hoy configuran varios templos y casi un centenar de islas artificiales de basalto y coral. Por Ponhpei, y por su santuario de Nan Madol, pasaron investigadores como Andreas Faber-Kaiser, sin hallar todas las respuestas al enigma que plantea una cultura capaz de mover toneladas de piedra en medio del mas duro aislamiento geográfico. Como en los enclaves anteriores, en Nan Madol también se habla de dioses reyes -seres semidivinos- que edificaron el santuario, construyeron las islas y dejaron una tradicion que hablaba de las pruebas a superar por los difuntos antes de ingresar en una región estelar. Olosopa y Olosipa, los dioses en cuestión, también fueron astrónomos y dejaron su legado en las mismas fechas en que se edifico Angkor. Lo curioso es que, como en Egipto, Angkor y Nan Madol se edificaron en enclaves sagrados de origen nebuloso. Lugares previamente "marcados" por los dioses.
Algo parecido sucede con las primeras catedrales góticas, edificadas sobre lugares sagrados paganos hacia los siglos XI y XII, en plena efervescencia arquitectónica en Camboya o Ponhpei. Uno de los primeros en darse cuenta fue Louis Charpentier, autor de El enigma de la catedral de Chartres. Este francés afirmo que las catedrales galas de Reims, Chartres, Amiens, Bayeaux, Evreux, Etampes, Laon y Notre Dame de l'Epine reproducían sobre el suelo la constelación de Virgo. Ese "mapa" fue confeccionado, según Charpentier, siguiendo las indicaciones de un grupo de iniciados del Temple que heredo su sabiduría en Jerusalén, a donde pudo llegar desde Egipto. De lo que se trataba era de crear "entradas al Reino de Dios", escribió, "y eso requiere una ciencia mas alta que la de los cálculos de fuerzas y resistencias".
En Europa fueron las catedrales góticas, en Camboya los impresionantes templos de Angkor, en la Polinesia los ciclopeos templos de Nan Madol...Todos tienen un denominador común: están orientados hacia determinadas constelaciones, como si pretendieran imitar en el suelo aquello que esta en los cielos. Los antiguos egipcios fueron los que iniciaron este "plan" que parece llevar miles de años en marcha.

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