El ritmo frenético al que nos somete la gran ciudad es mucho mas negativo para nuestra salud de lo que se creía. Y es que esta forma de vida trepidante contribuye al aumento de los casos de esquizofrenia, ansiedad, estres y depresión. Además, las estructuras cerebrales relacionados con estas patologías y el procesamiento de las emociones negativas sufren una alteración en personas que han vivido en las grandes urbes desde la infancia, lo que cambia también el material genético mediante modificaciones químicas.
Por otro lado, el estres social provocado por situaciones como la incapacidad de afrontar las criticas, puede originar altas tasas de cortisol que, mantenidas en la sangre, tienen efectos adversos en la salud cardiovascular, el sistema inmunologico y el hipocampo, con el consecuente deterioro de la memoria y problemas de aprendizaje.
Asimismo, hay que tener en cuenta que la vida urbana es especialmente dura durante la infancia y juega en contra de otra estructura cerebral, la corteza cingulada anterior, implicada en la toma de decisiones y el procesamiento de las emociones negativas. La amigdala cerebral (relacionada con las emociones y el estado de animo) y la corteza cingulada forman un circuito que funciona peor cuanto mayor ha sido el tiempo de crianza en la ciudad.
La curiosidad. Un hallazgo realizado por el Departamento de Geografía y Entorno Humano de la Universidad de Tel Aviv (Israel) afirma que niveles bajos de monóxido de carbono pueden tener un cierto efecto narcótico que mitiga en los habitantes de las zonas urbanas el nerviosismo inherente a situaciones típicas de la vida en la ciudad, como un alto nivel de ruido.
Por otro lado, el estres social provocado por situaciones como la incapacidad de afrontar las criticas, puede originar altas tasas de cortisol que, mantenidas en la sangre, tienen efectos adversos en la salud cardiovascular, el sistema inmunologico y el hipocampo, con el consecuente deterioro de la memoria y problemas de aprendizaje.
Asimismo, hay que tener en cuenta que la vida urbana es especialmente dura durante la infancia y juega en contra de otra estructura cerebral, la corteza cingulada anterior, implicada en la toma de decisiones y el procesamiento de las emociones negativas. La amigdala cerebral (relacionada con las emociones y el estado de animo) y la corteza cingulada forman un circuito que funciona peor cuanto mayor ha sido el tiempo de crianza en la ciudad.
La curiosidad. Un hallazgo realizado por el Departamento de Geografía y Entorno Humano de la Universidad de Tel Aviv (Israel) afirma que niveles bajos de monóxido de carbono pueden tener un cierto efecto narcótico que mitiga en los habitantes de las zonas urbanas el nerviosismo inherente a situaciones típicas de la vida en la ciudad, como un alto nivel de ruido.
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